Relatos Negro, delgado y con dos cabezas

 

Llegaban las navidades del año 2003 y no sabía qué regalar a Blyth. Al fin opté por varias cosas, entre ellas un consolador. Negro, delgado y alargado. Con dos capullos, uno en cada extremo.

Llegó la noche. Cena. Familia. Por fin, casa. Regalos. Ella me dio los míos, y yo le dí los suyos. El consolador esperaba debajo de la almohada. Yo le había puesto un lacito rojo. Me fui a duchar, ella se fue al cuarto. Cuando se fue a poner su camisón, encontró el regalo. Cuando salí de la ducha me encontré a mi chica abierta de piernas en la cama, desnuda y con el consolador metido hasta el lacito, que debía estar por la mitad del objeto en cuestión. Ella no lo agarraba, lo había dejado ahí metido mientras ella se pellizcaba el clítoris y un pezón. Tiré la toalla al suelo y me arrodillé ante su cara.

-Cariño, feliz navidad. Le dije, y le metí la polla en la boca. Ella empezó a gemir, mirándome a los ojos mientras yo trataba de llegar a su estómago con mi pene, empujando su cabeza con las dos manos.
-¿Te gusta el regalo?

Ella asentía con mi polla en la garganta. Se la saqué con un aspaviento. Respiraba jadeante con babas que le colgaban del mentón.

-Quiero ver cómo lo usas.

A esas alturas, el consolador se había salido, y yacía junto al coño de Blyth. Me aparté de ella y me pajeé lentamente con el pene bien lubricado. Ella cogió el consolador y lo chupó mirándome la polla y masturbándose el clítoris.

-Métetelo en el coño.

Ella obedeció. Jugueteó con el capullo de goma en la entrada de su vagina. Luego se lo metió hasta la mitad y se pajeó con él. El efecto era bellísimo. Como el consolador tenía un capullo en cada extremo, parecía que mi Blyth tuviera un pene negro y delgado que le saliera de la vagina. Ella se estaba excitando mucho. No hay en éste mundo música más sagrada que los gemidos de una mujer.

-Chúpalo.
-¿Qué?
-Chúpalo, como cuando te la chupo yo a ti.

Blyth siempre te salía con cosas así.

-Está bien, me dije. Y me puse a ello.

La contemplé un minuto, ahí despatarrada con sus tetas inmensas y metiéndose aquello, y me lancé. No es que me gustara. Es qué lo llegué a adorar. Al principio deslizaba mi boca a lo largo del consolador. Luego lo aferré con la boca y lo bombeé dentro y fuera de Blyth, que no se esperaba aquello y se puso a dar botes agarrándome la cabeza como ella había aprendido de mí. Se corrió. Yo me acerqué a ella y la besé. La pajeaba con la mano mientras ella me aferraba las pelotas. Cuando se calmó, le quité el consolador del coño y jugamos un rato a ver quién se lo tragaba más hondo. Empezó ella. Se metió un palmo y medio. Yo sólo hice un palmo, pero logré excitarla de nuevo. Durante todo el juego ella no paró de manosearme la polla. Aquella noche estaba obsesionado con correrme en su cara. Se lo dije así, mientras ella mamaba el consolador otra vez, a petición mía.

-Ésta noche estoy obsesionado con la idea de correrme en tu cara, si no te importa.

Ella sonrió con un palmo y medio de goma látex hincado en la garganta.

-Se acabaron las tonterías, ya. Dije. Agarré a Blyth por detrás y la amasé las tetas.
-Métete eso en el coño, susurré con los labios pegados a su oido.

Obedeció y se metió el consolador hasta casi hacerlo desaparecer. No fue de un golpe, le costó un rato. Yo la besaba y llevaba sus pezones hasta su boca. Ella lamía y chupaba todo lo que se le ponía a tiro. Entonces, con aquello metido en el coño adivinó mis aviesas intenciones. Deslicé mi pene, que estaba como una estaca de madera, hasta el culo de Blyth. Cedió casi al instante, y mi polla entró en su culo. Estaba hirviendo como el infierno allí dentro. Bombeé sin piedad. Nos pusimos a aullar como si estuviéramos locos. Blith volvió a correrse. Fue genial. Pero tocaba a su fin ya. Jadeando con la cara sudada me dijo "¿qué decías de correrte en mi cara?" y contesté metiéndole la lengua en su boca y dándole otro poquito más. La puse boca abajo y la aprisioné las piernas usando las mías. Agarré sus muñecas y le follé el culo como es debido. Cuando estaba a puntito a puntito de correrme, la liberé, saqué mi aparato de su culo y lo llevé hasta su cara, donde me esperaba una boca abierta de par en par con la lengua fuera.

-Métetelo en el culo le dije, y me obedeció al instante.

Se metió un extremo por el culo y el otro en el coño. Parecía una maleta. No tardó en correrse. Ante semejante espectáculo, no pude demorarlo más. Me pajeé con fuerza frente a su cara y mi esperma brotó a borbotones. Pegajosa y saciada, Blyth se tumbó en la cama y me dijo que era un jodido retorcido. Me besó en la boca y se perdió en dirección al baño caminando. El consolador, aún metido por el culo, decía que no, que no, que no...

Corto pero intenso. Espero que os guste.

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