Relatos eroticos
Esto me sucedió cuando tenía 18 años recién cumplidos. Yo
iba a un colegio muy estricto, solo con chicas, e íbamos todas con uniforme. Mi
uniforme consistía en una faldita de pliegues de color rojo, que yo llevaba a
medio muslo, unos calcetines blancos hasta la rodilla, unos zapatos negros y una
camisa blanca que yo solía llevar muy ceñida. Siempre me ha gustado sentirme
provocativa, por eso, siempre llevaba lencería provocativa como tanguitas y
sujetadores pekeñitos que subieran mis pechos. Yo por aquel entonces no
conocía a muchos chicos y nunca había tenido ningún tipo de relación, ni
siquiera me habían besado. Yo ocupada como estaba con mis estudios no le daba
importancia al sexo, sin embargo, cada vez que veía a alguno de mis profesores
a mi cabeza venían pensamientos increíbles. Me imaginaba que me follaban de
todas las formas y pensar en hacerlo con un hombre mucho más mayor que yo me
ponía a cien.
Un día un profesor, el de francés, me dijo que a las cinco fuera a su despacho
que tenía que hablar conmigo muy seriamente. Yo no supe a que se debía referir
ya que llevaba muy bien las notas. A las cinco me presenté puntualmente en su
despacho, llamé a la puerta y oí su voz pedirme que pasara y cerrara la puerta
con llave al entrar. Cuando cerré la puerta y miré hacia el escritorio del
despacho del profesor vi que estaba él con otro profesor, el de dibujo. Ambos
eran hombres muy atractivos, Luís, el de francés era alto, musculoso, muy
ancho de espaldas y moreno. Juan, el de dibujo, era un poco más bajo que Luís
y más delgado, pero tenía unos ojos verdes que enamoraban. Ambos debían tener
unos 35 años. Me pidieron que me sentara. Yo me senté en una silla y crucé
las piernas, sin darme cuenta mi faldita se escurrió dejando ver mis muslos y
creo que también parte de mi tanguita. Luís empezó a decirme que ambos
querían hablar conmigo de un tema muy importante y de que lo que yo hiciera o
dijera dependía que pudiera sacarme el título. Yo me asusté, me la estaba
jugando y para mi sacarme el título era muy importante. Juan se acercó a mi,
se puso de cuclillas a mi lado y empezó a acariciarme un muslo, yo me asusté y
me levanté de golpe. Casi histérica les pregunté que qué pretendían hacer.
Juan me cogió de un brazo y me empujó hacia detrás del escritorio, dejándome
atrapada entre él y Luis. Ambos se pegaron a mi cuerpo y empezaron a
acariciarme toda. Yo no sabía que hacer, aquello era como lo había imaginado,
pero nunca imaginé que pudiera pasar y al ser virgen estaba muy asustada. Luís
se acercó a mi oreja y empezó a decirme:
- Cariño, eres una zorrita provocadora, nos tienes a Luís y a mi muy cachondos
desde que empezaron las clases y hemos decidido que no te irás del colegio
hasta que hayas recibido una buena ración de polla.violaron
Al contrario de lo que podía pensar aquellas palabras me excitaron, así que
suspiré fuerte y me dejé hacer. Luis empezó a desabrocharme la camisa y a
estrujar mis pechos por encima del sostén. Juan, que estaba delante de mi se
arrodilló, metió sus manos por debajo de mi falda y empezó a bajarme mi
tanguita, que empezaba a estar húmedo. Yo abría un poquito mis piernas para
que me lo pudiera quitar con facilidad. Él se entretuvo en pasar sus manos por
mis muslos y a magrear mi culo. Luis ya me había quitado el sostén y me
acariciaba directamente los pechos, con fuerza, masajeandolos y pellizcando mis
pezones, haciéndome un poquito de daño, mientras me pasaba la lengua pos los
hombros y me mordía el cuello, las orejas, los brazos... me devoraba entera.
Noté como las manos de Juan se movían desde mis nalgas que ya debía tener
rojas de tanto apretar, hasta mi coñito. Me abrió los labios y se lanzó a
devorar mi coñito, me lo recorrió todo con la lengua, jugando con mi
clítoris, bebiéndose mis fluidos. Luego humedeció dos dedos y los metió
bruscamente en mi agujerito, arrancándome un gritito de dolor. Continuó
devorando mi clítoris mientras me penetraba bruscamente con sus dedos, a mi me
dolía mucho y le pedía que parara o que fuera más suave, pero ninguno de los
dos no hizo ni dijo nada y siguieron haciendo lo que querían con mi cuerpo.
Continuaron un rato así, me soltaron y los dos se quitaron los pantalones y los
calzoncillos, dejando ante mi vista dos pollas enormes y muy tiesas. Luis la
tenía muy larga, casi de 21cm y Juan la tenía un poco más pequeña, pero muy
gruesa, ambas con unos capullos rojos y brillantes. Juan me cogió y me hizo
poner apoyada en la mesa, con las piernas abiertas, ofreciéndoles mi culo.
Discutieron un momento sobre quien sería el primero. Luis ganó la batalla y
puso su capullo sobre mi coñito y empezó acariciármelo con su polla. Yo
estaba muy tensa y le pedí que fuera despacito, que era virgen y él la tenía
muy grande, que me haría daño. Me cogió de las caderas y empezó a meter su
capullo, empezó a dolerme y le pedí que me la sacara. Sin hacerme caso la
continuó metiendo despacito, ya debía tener la mitad dentro, y al romperme el
himen yo no podía mas de dolor. Empecé a llorar y a suplicarle que lo dejara.
Me dio una cachetada en las nalgas y me dijo que me callara, que podía llorar,
pero que me follaría igual. Metió el resto de su polla de golpe y empezó a
bombear con fuerza, agarrándome con fuerza de las caderas. Yo gritaba de dolor
y a la vez de placer loco, su polla me llenaba hasta el fondo y tenía la
sensación de que me iba a partir en dos. Me cogió de las tetas y continuó
bombeando con todas sus fuerzas, podía oír como nuestras carnes chocaban en
cada arremetida y sus huevos golpeando mi coñito, que estaba chorreando. Ladeé
mi cabeza y vi como Juan empezaba a acariciarse la polla, mirándome fijamente.
Al pensar en cuando él me metiera aquella cosa dentro de mí empece a sentir un
orgasmo increíble, gemía y chillaba de placer, aquello era lo más maravilloso
que había sentido nunca. Luis bombeó un poco más dentro de mi y acabó
corriéndose dentro de mi, llenándome de semen caliente toda mi vagina. Lo
sentía chorrear fuera de mi coñito y unas gotas se derramaron por mis muslos.
Complacido, Luis se sentó en el sillón y Juan se abalanzó sobre mis tetas,
lamiéndolas y mordiéndolas. Se sentó sobre el escritorio y me ayudó a
sentarme sobre sus piernas mientras me decía que ahora iba a probar la mejor
polla de mi vida. Con una mano cogió su polla y puso la otra en mi cadera. Me
la colocó sobre mi agujerito y me bajó de golpe, clavándomela hasta lo más
profundo. Era enorme, muy gruesa, me sentía incapaz de cabalgarla y me quedé
quietecita sobre ella, agarrándome bien a Juan, dejando que mi vagina se
adaptara a semejante verga. Juan perdió la paciencia, me agarró de las nalgas
y me hizo botar sobre él, mientras me mordía las tetas y yo me agarraba fuerte
a él y gemía muy fuerte. Empecé a clavármela yo misma, como si cabalgara un
potro salvaje mientras él me siguió cogiendo bien las nalgas, abriéndomelas.
No sabía que detrás de mi Luis se había vuelto a empalmar y por señas le
había pedido a Juan que me abriera las nalgas lo máximo que pudiera. Ambos me
obligaron a que dejara de cabalgar, sujetándome, y Luis puso su capullo sobre
mi ano. Yo no protesté porque sabía que harían lo que quisieran por mucho que
me quejara, así que me limité a abrazar muy fuerte a Juan. Luís subió mi
falda para ver mejor, y como un toro empezó a dar embestidas, metiéndome un
trozo de polla en cada una. Yo gritaba desesperada, aquello era lo más doloroso
y excitante de mi vida. No sé si metió toda su polla dentro, pero los dos
empezaron a bombear dentro de mí con coordinación, sin sacarme ninguna de sus
pollas en ningún momento. Luis me agarraba de las tetas y me decía al oído
que tenía el mejor culo de puta que había probado nunca y que me iba a enterar
de lo que era una buena polla a diario. Juan mantenía mis nalgas bien abiertas
mientras nos morreábamos con pasión, dejando que nuestras lenguas jugaran. Yo
no paraba de correrme como una loca, chorreaba por todos lados y solo quería
que aquello durara siempre. Luis sacó su polla de mi culo y me bajó de Juan,
sacándome también su polla. Me hicieron poner de rodillas ante ellos y se
pajearon un instante para correrse finalmente sobre mis tetas, llenándomelas de
semen. Cuando me acabaron me lancé sobre la polla de Juan y se la chupe hasta
dejársela limpia de fluidos y luego hice lo mismo con la de Luis. Relatos
eroticos
Por supuesto, me saqué el título y continué follando con ellos casi a diario,
juntos o por separado, en el colegio en sus casas o en sus coches. Desde
entonces solo tengo relaciones con hombres mucho más mayores que yo, pq
definitivamente son los mejores. Relatos eroticos